10 abril 2009

Whisky: Elaboración


El primer paso en la elaboración del whisky es la limpieza de la cebada, siendo más tarde empapada con agua y dejándola germinar durante un periodo de 12 a 15 días. Gracias a la germinación, el almidón de la cebada se prepara para transformarse en azúcar. La cebada es transportada a los hornos para comenzar su secado mediante la turba, un combustible vegetal que aporta aromas al whisky. A continuación la malta se muele, se mezcla con agua en una caldera de remojo, obteniéndose así el mosto azucarado de malta (llamado "wort"). A partir del wort comienza la fermentación, que dura unas 48 horas, y en el que el azúcar de la malta se transforma en alcohol de 5º a 8°, conocido con el nombre de "wash".
Una vez finalizada la fermentación, comienza la destilación. El whisky escocés es destilado dos veces (en Irlanda tres) en grandes alambiques discontinuos de cobre ("pot-still"), obteniéndose un líquido llamado "low wine" ("vino bajo") en la primera destilación y separando además el alcohol del líquido fermentado y eliminando los residuos de la levadura y la materia infermentable. Tras ello, se destila una segunda vez, recogiendo tras su finalización un whisky de 58º, aunque se termina reduciendo con agua a 55º.
Tras la destilación, el whisky debe ser envejecido en barriles de roble en el que previamente se haya criado vino de Jerez o bourbon. El whisky de malta tarda unos 15 años en evejecer, mientras que los blended y los de grano lo hacen en 6 años aproximadamente. Cuando un whisky llega hasta los ocho años de envejecimiento, debe ser indicado en la botella, al igual que con doce, siendo ésta la edad idónea para un whiskey.

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